domingo, 29 de julio de 2018


Victoria Elisabeth de Hohenlohe-Langenburg, duquesa de Medinaceli



El ducado de Medinaceli es un título nobiliario español creado por la reina Isabel la Católica en 1479 a favor de Luis de la Cerda y de la Vega, V Conde de Medinaceli. Su nombre se refiere al municipio castellano de Medinaceli, en la provincia de Soria (Castilla y León) y también a una amplísima Comunidad de Villa y Tierra que ocupaba el sureste de la actual provincia de Soria y una gran franja central de la de Guadalajara, hasta el río Tajo. Tiene asociada Grandeza de España originaria desde 1520 y da nombre a la Casa de Medinaceli. El último titular fue Marco Hohenlohe-Langenburg y Medina, que heredó por la ley de reforma sucesoria del año 2006 el título tras la muerte de su abuela, Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, lo que supone un cambio de apellido en la casa ducal, pues desde hace más de 300 años ha llevado el mismo apellido, Fernández de Córdoba. Tras el fallecimiento de este el 19 de agosto de 2016 el título lo heredó su hija Victoria Elisabeth de Hohenlohe-Langenburg, quien también ostenta el título de Princesa de Hohenlohe-Langenburg en Alemania.



Carmen Iglesias,
Presidenta de la
Real Academia de la Historia

Don Juan de Borbón

Jaque a la legitimidad del Rey


Don Juan de Borbón, sentado sobre la alfombra, en vísperas de la Segunda República, en 1906.
Detrás, Alfonso XIII y Jacobo Alba

"Jaque a la legitimidad del Rey" 17 abril 2018
Publicado en "Diario de Cádiz"
Autora del texto: Clara Zamora Meca

Ahora, cuando se han cumplido veinticinco años del fallecimiento de un miembro fundamental en el mantenimiento de la Casa Real de Borbón, cabe recordar las palabras que un día dijo su padre, quien tampoco murió limpio de incorrecciones: "En España hoy todo es mediano menos España misma, que ha sido y será siempre grande por derecho propio". El Rey anda permanentemente en la cuerda floja. Para muchos españoles -celosos desconocidos- es un anacronismo intolerable continuar con la monarquía hereditaria. La concepción clásica, casi mística, de esta fórmula presupone creer en Dios, que fue el que designó a un hombre y a sus descendientes como raza escogida. Esta doctrina política del derecho divino, que suena alarmantemente anticuada, es en la que se sustenta el principio de la legitimidad. "Je fais mon métier de roi", decía constantemente el todopoderoso Luis XIV.

Los hombres destinados a regir todas las pequeñas células que forman un pueblo -desde la nación más civilizada a la tribu más salvaje- poseen una doble naturaleza: la humana y la simbólica; y están predestinados para engarzar ambas de manera natural, su físico y su psique deben solidarizarse permanentemente con su investidura. Don Juan perdió su trono, en efecto, pero no la soberanía que nadie pudo quitarle en la tierra, por haberla recibido, junto con la vida, de un poder muy superior. Tenía bien ordenadas en la cabeza las ideas sobre el lugar que el destino le había reservado en esa regia cadena. Aquel hombre, con su porte, vivió en un estado de representación permanente. Supo confundir a sus críticos y hacerlos sus apologistas. Reunió las características del hombre moderno y de un rey antiguo, puso todo su empeño en cumplir, fuera de su patria, con los deberes que, por la dignidad de su nacimiento, le correspondían, a despecho de ancestrales flaquezas y de la acción corrosiva de crueles desencantos. Era precisamente entonces cuando don Juan se presentaba más rey que nunca, demostrando con pertinaces esfuerzos el camino de la salvaguardia de los intereses y prestigios de la realeza en general y de su dinastía en concreto.

La esencia de la Monarquía y la ley conexa de la legitimidad estaban en jaque, pero su labor competente saltó por todo el alud de las históricas controversias. Muy probablemente, en su interna soledad, padeció y fue desgraciado, pero a día de hoy, si pudiera ver el estado español, comprendería satisfecho cómo su discreto paso por la historia fue una edición extraordinaria. Si fueron desmerecidos sus honores en vida fue porque estaban llamados a prolongarse de cara a un mundo impaciente. La calma del Rey, entonces, puede actualmente ser perfecta.
 
La Casa de Borbón es una encarnación viviente de la monarquía legítima: la dinastía oriunda de Hugo Capeto, proclamado Rey en el año 987, e implantada en España con Felipe V, nieto de Luis XIV. Así lo dejó dicho en su testamento Carlos II el 2 de octubre de 1700: "Declaro que mi sucesor es el duque de Anjou, segundo hijo del Delfín… Declaro que si el duque de Anjou falleciese o fuere llamado a la sucesión de Francia, entonces la sucesión de la monarquía (española) correspondería al duque de Berry". Me asoma a la memoria, por una caprichosa asociación de ideas, el título del primer film con ambición de crear un espectáculo de calidad, El asesinato del duque de Guisa. Todo ello con la cándida esperanza que provoca la avaricia del racionamiento legal. Y luego, ellas, las Reinas de España, cada una con sus particularidades. En las misivas diarias llenas de faltas de ortografía que la mujer de Carlos IV escribió a su primer favorito, se puede leer: "Me paro porque el Rey, que me aguanta la vela, se cae de sueño, y tengo miedo de que se duerma y me queme las cortinas de la cama".
 
No sé si nuestro Rey actual, acostumbrado a estar en pública evidencia, echa el resto en el montón de sus recuerdos. Hallar el gran estímulo diario de su circunspecta labor es en sí misma una acción encomiable, por no decir divina. La historia de España, inflexible, continúa bajo su carácter que imprime la suprema garantía de estabilidad, conforme a una curiosa ley que parece regir divinamente en todas partes, aunque no esté escrita en ninguna. "Cuando un linaje ha dado todo lo que se esperaba de él, desaparece; pero, mientas subsiste, sus derechos son imprescriptibles" es la base de la doctrina del derecho divino. Y huyendo -si a estas alturas es posible- de controversias, me refugio para terminar en las propias palabras que el bisabuelo de nuestro Rey dirigió a un marqués de poca enjundia como para recordar aquí su nombre: "Me complazco en hacer constar que ha interpretado usted perfectamente mis pensamientos".


viernes, 6 de abril de 2018

El Excmo. Sr. Duque de Segorbe ha ingresado hoy en la Real Academia de Buenas Letras con un discurso dedicado a los archivos nobiliarios.





SAR. El Duque de Calabria en la presentación del libro “Cerimoniale dei Borbone di Napoli (1734-1801)”, de Attilio Antonelli. Celebrada en el Salón de Mayordomía del Palacio Real de Madrid, el día 27 de marzo de 2017.

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL MARQUÉS DE VIANA Y LA CAZA


Editor: Turner (7 de diciembre de 2016)
Colección: Arte y Fotografía
Idioma: Español
Autores: Juan García-Carranza Benjumea, Eduardo Figueroa y Alonso-Martínez

Por primera vez sale a la luz una selección de las numerosas fotografías de caza que poseía don José de Saavedra y Salamanca, II marqués de Viana y Montero mayor de Alfonso XIII, uno de los personajes más ilustres de principios del siglo pasado y que mejor representa la época dorada de las cacerías en España. El marqués organizaba las jornadas cinegéticas del rey fuera de Palacio en los cazaderos reales del monte de El Pardo, Riofrío y la Casa de Campo, la encomienda de Mudela, Doñana, Gredos y el monte de Saja. También le acompañaba en las cacerías de fincas particulares de Rincón Alto y Moratalla de su propiedad, así como otras en diversos rincones de Andalucía como San Bernardo, Lachar y Contadero e incluso las que se celebraban en el extranjero.
D. José de Saavedra y Salamanca, II marqués de Viana, ocupó importantes puestos en la Casa Real, fue Sumiller de Corps, Caballerizo Mayor y Montero Mayor. Heredó de sus tíos una inmensa fortuna y propiedades como el Palacio de Viana (Córdoba). Militar de carrera, fue amigo personal del rey Alfonso XIII y un influyente hombre en la corte y el gobierno de su época. Fundó el Real Aeroclub de España, siendo el primer español en despegar del suelo en un aparato a motor. Gran experto en temas agrícolas, tuvo importantes negocios oleícolas y presidió la Asociación Nacional de Olivareros.
A la izquierda, sentado, S.M. el Rey Don Alfonso XIII.
A la derecha el segundo Marqués de Viana, Don José Saavedra y Salamanca

miércoles, 14 de diciembre de 2016

                A Night Out (1915) - Classic Charles Chaplin Vintage Movie